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PRONUNCIAMIENTO STATEMENT
HBI Se Solidariza Con Trabajadores Maquiladores en Juárez
HBI Stands in Solidarity with Juárez Maquila Workers

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Hoy por la tarde se llevará a cabo una verbena popular y protesta pública en Juárez llamada "El grito maquilador" contra la precariedad laboral. En conjunto con las enseñanzas católicas, el Instituto Fronterizo Esperanza está en solidaridad con los trabajadores y trabajadoras que luchan por la dignidad que merecen en su trabajo.

This afternoon there will be a protest in Juárez called "El Grito Maquilador/The Cry of the Maquila Worker" to stand for worker dignity. Hope Border Institute stands in solidarity with the men and women workers fighting for the respect they deserve. English text below.
Cuando el Papa Francisco pronunció estas palabras en su encuentro con el mundo del trabajo en Ciudad Juárez, hizo un llamado muy claro al pueblo de fe: estar en la periferia del sufrimiento humano y acompañar el justo reclamo de los derechos laborales de las trabajadoras y los trabajadores de nuestra comunidad

Durante los últimos años se han organizado diversos grupos al interior de las maquiladoras, tanto para exigir el cumplimiento de condiciones de trabajo ya efectivas, como para apelar a un derecho que parecía inalcanzable: contar con un sindicato. Sin olvidar los casos donde se clama por el pago de fondos de ahorro, las debidas indemnizaciones y el cuidado a la salud.
 
Si bien la industria maquiladora ha sido la fuente de ingresos de muchas familias en la frontera e incluso de quienes han llegado de otras ciudades y regiones del país, no podemos obviar que el desarrollo de ese sector de la economía ha sido posible gracias al sudor y el trabajo de hombres y mujeres dignas que día a día se esfuerzan por cumplir altos niveles de producción, en condiciones no siempre justas y con limitantes en el disfrute pleno de sus derechos.
 
Hemos escuchado a nuestros hermanos y hermanas que trabajan en Johnson Controls, empresa que tiene 700 demandas en Ciudad Juárez y 800 en Saltillo, Coahuila. Nos cuentan que esta empresa tiene una práctica discriminatoria: aquellas personas con lesiones en los dedos, las manos y las articulaciones, provocadas por los movimientos repetitivos de la cadena de producción y cuyo padecimiento se califica como riesgo de trabajo, son reubicadas en áreas donde se supone que realizarán trabajos de menor impacto, pero les niegan el derecho al aumento salarial como una forma de castigo por producir menos. “Lo que no produce se excluye a la manera de usar y tirar”.
 
En esta frontera se habla de la generación de empleos a través de la maquiladora, pero no suele cuestionarse cómo conciliar ésta con la vida familiar. Un trabajo digno debe permitir un salario suficiente en la jornada reglamentaria de trabajo y no apremiar a hombres y mujeres a emplearse horas extras para sufragar los gastos mínimos de su hogar. Esta situación nos hace recordar a Don Manuel Talamás Camandari, primer Obispo de Ciudad Juárez, quien advirtió que con sus largas jornadas de trabajo, la maquiladora iba a crear niños huérfanos con padres vivos, no sólo porque se limita el descanso de quienes proveen el sustento al hogar, sino que se quebranta la convivencia y el cuidado de los hijos e hijas.
 
Como dijo nuestro hermano, el Papa Francisco: “Cada sector tiene la obligación de velar por el bien del todo; todos estamos en el mismo barco. Todos tenemos que luchar para que el trabajo sea una instancia de humanización y de futuro; que sea un espacio para construir sociedad y ciudadanía”, por eso estamos hoy aquí con ustedes, para acompañar su grito, respaldar su lucha y exhortar a las empresas a que cumplan dignamente lo que por ley les corresponde.

When Pope Francis spoke these words during his encounter with workers in Juárez, he made a very specific call to the faith community: to stand on the margins of human suffering and to accompany workers in our community in their struggle for worker rights.

During the last few years, many maquiladora workers have assembled and mobilized to demand fair working conditions and demand what once seemed impossible: to have a union.

The maquiladora industry has been the main source of income for many families on the US-Mexico border, including those who have migrated from other cities and regions within Mexico. We cannot ignore the fact that the economic development of this region would not have been possible without the hard work of the men and women that work daily to meet high levels of production in the various industries, in conditions that are not always just, and which limit their worker rights.

We have heard our brothers and sisters who work for Johnson Controls, a company which currently has 700 complaints filed against it in Juárez and 800 in Saltillo, Coahuila. They have told us that the company has a discriminatory practice, where people with a finger, hand, or joint lesion, mainly provoked by repetitive movements in the chain of production and whose pain qualifies as a work risk, are moved into another work area with less impact. Yet, they are barred indefinitely from receiving a wage increase as punishment for the reduction in production. “The worker that does not produce is immediately discarded.” This is the culture of waste.

In our borderlands, there has been much talk about work for generations at the maquiladoras, but their practices are not questioned in terms of a true family life. A dignified workplace must offer a sufficient salary during ordinary working hours and not force men and women to work overtime to cover minimum household expenses. This situation reminds us of Don Manuel Talámas Camandari, Juarez’s first bishop, who warned that parents could leave their children orphans, even while they are still alive, because of the little time they are dedicating to their children.

As our brother, Pope Francis said, “Each sector has an obligation to ensure the common good; we are all in the same boat. We all have to fight for work that ensures humanization in the future; it is a space to build society and citizenship.” This is why we are here today – to accompany you in this fight. To support you and accompany you in solidarity in this struggle and to encourage companies to comply with dignified labor laws that you deserve.

 
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Hope Border Institute · 499 St. Matthews St. · El Paso, Texas 79907 · USA

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