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"No me hubiera perdido ningún Seminario de Lacan" Philippe Soller.
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El

Boletín

3.0

                      oo      
Alicante Mar. 2016

Editoras:
Carolina Salinas
Mari Cruz Alba

En este número 3:

  1. Editorial "Elecciones" Por Mari Cruz Alba
  2. Entrevista al artista Por Mari Cruz Alba
  3. La Compasión Por Trinidad Cámara Palop
  4. El amor hoy en día Parte IIPor D. Bencivenga
  5. La virilidad es unisex: Por Trinidad Camara Palop
  6. Pastel Edípico: Por Carolina Salinas
Editorial:"Elecciones" 
by Mari Cruz Alba
¿Elegimos o somos elegidos? Elegimos 
nuestras pasiones o somos elegidos por ellas. 
En este número la pintora Victoria Chézner 
además de ofrecernos uno de su cuadros
para ilustrar el presente Boletín nos habla de
cómo fue elegida por la pasión de pintar 
paisajes.
 
Y el amor, ¿cómo se hacen las elecciones
amorosas ¿Como se eligen las parejas? 
Tal y como anunciamos publicamos la 
segunda parte del texto de Donato 
Bencivenga con sus reflexiones sobre el
amor que, en su caso se sustenta en
compartir lo bello.
Trinidad Cámara Palop nos comenta las 
dos últimas actividades del Campo Freudiano
en España celebradas durante los días 
4, 5 y 6 de marzo en Barcelona: La Jornada 
de Psicoanálisis y Medicina y la
 XVI Conversación Clínica del Instituto 
del Campo Freudiano.Para terminar la nota
divertida la pone Carolina Salinas con
la receta “Pastel Edípico”,descubriéndonos
la faceta culinaria de Freud. 
Ración de pura libido. ¡Buen provecho!

"Parejas sin sexo, sexo sin parejas" 

Próximo evento

Clase 10 de Seminario de Fundamentos
7 de abril 2016: Foromagno
Av. Maisonnave 28 bis. 4o Piso. Alicante.
Una nueva oportunidad de hacer experiencia en la clínica psicoanalítica.
¿Quiéres apuntarte? click aquí

Victoria Chezner, "Tatuado en su piel", óleo sobre lienzo 195x130 cm. España


Más eventos

 
Ciclo de Conferencia
6 de mayo. 20:00 Club Información
"Parejas sin sexo. Evaporación de la vida sexual contemporánea"
Avenida del Doctor Rico, 17
03005. Alicante.

Entrada Gratuita



Seminario de Textos
7 de mayo : 9 hs Instituto de la familia Dr Pedro Herrero
Capítulo VII "El saber y la verdad" Cap IX" Del Barroco"
Docente: Doménico Cosenza. Psicoanalista. Psicólogo. Dr. En Psicoanálisis por la universidad de París VIII. Miembro AME y Presidente de la SLP Italiana. Docente de la sección Clínica de Milán y del Instituto del Campo Freudiano.
Entrevista a Victoria Chezner.
 
Jacques Lacan en el homenaje que hizo a Marguerite Duras dijo que ella era lacaniana aún sin haberlo leído: “Marguerite Duras resulta saber sin mí lo que yo enseño” dirá en ese homenaje de 1965. Para Lacan el artista siempre precede al psicoanalista. A lo largo de la entrevista aparecen en la historia de Chézner una serie de figuras con semblante paternal con las que la artista tiene unos fuertes lazos afectivos estrechamente ligados a su deseo por la pintura. Para Chezner ella no eligió el paisaje, el paisaje la eligió a ella.
 
M. Victoria Sánchez Giner (Victoria Chezner) es Doctora con Mención Europea por la Universitat Politécnica de Valencia, Master en Educación y Museos, Patrimonio, identidad y mediación por la Universidad de Murcia y artista visual. Desarrolla su carrera docente en la Universidad de Murcia desde el año 2004, en el área de Pintura de la Facultad de Bellas Artes.
Desde 2011 coordina el proyecto de innovación docente “Paisaje, Arte y Cultura”, en la Universidad de Murcia, cuyo objetivo es la creación de un grupo docente  multidisciplinar especializado en paisaje. Alterna la producción artística y la actividad docente con la investigación sobre paisaje y arte, habiendo realizado numerosas aportaciones a publicaciones y a encuentros científicos de carácter nacional e internacional. Sus líneas de investigación sobre las que trabaja son: “Discursos contemporáneos en el paisaje”, “Producción pictórica de obra artística: concepto, ejecución y difusión”, “Museos y espacios culturales para la educación artística. Gestión artística y cultural”. En la actualidad dirige varias tesis doctorales dentro de estas líneas de investigación.
Pertenece a los grupos de investigación Paisaje-Arte-Cultura del Campus Mare Nostrum de la Universidad de Murcia (Spain) y I2ADS, Universidade do Porto. (Portugal).
 
Mari Cruz Alba (MCA): ¿Qué te llevó a pintar?
 
V. Chézner (VC): ¡Me resulta una pregunta muy difícil de responder! Yo siempre me he visto pintando, siempre me conozco pintando. La figura de mi abuela fué importante, no porque ella pintara, todo lo contrario sino porque ella siempre decía que en las tardes de verano los niños no podían estar toda la tarde sin hacer nada y todas las tardes me hacía bordar. Hasta que un verano me compré un bloc de dibujo y le dije a mi abuela que no podía bordar porque tenía que pintar. Por otro lado mi hermano tocaba el piano, recibía clases en el Conservatorio Superior de Música Óscar Esplá de Alicante y mi madre, para aprovechar el viaje, quería que fuésemos los dos, hice la prueba de acceso y salí de la prueba vomitando porque no me sentía cómoda; yo tendría unos siete años y era muy tímida, pero saqué valor para decirle a mi madre que me gustaba mucho pintar, que si mi hermano iba al conservatorio, yo quería pintar. Mis padres me apoyaron y empecé en una academia y luego con un maestro; mi gran baza fué conocer a Valentín González, pintor en Alicante, quién tenía su estudio al que tu acudías, el pintaba y enseñaba, el oficio de pintor lo aprendí de él, antes de entrar a la Facultad de Bellas. A los dieciséis años Valentín me pregunto qué iba a estudiar, yo le dije arquitectura y me dijo que no, que yo iba a estudiar Bellas Artes, yo le dije que no porque la pintura era un hobbit y mi profesión ser arquitecta, y me dijo, bueno ya hablaremos….Cuando llegó el momento de ir a la universidad mi padre me pregunto que quería estudiar yo le dije que me gustaba arquitectura, me pregunto si no me gustaba la pintura, al decirle que la pintura me apasionaba mi padre me dijo que en la vida había que hacer lo que a uno le apasiona y fue como una liberación. Después me he dado cuenta de la gran generosidad que tuvo conmigo y creo que tuve una tremenda suerte, primero de encontrar a Valentín y después de que mi padre me animara a la libre elección como el sexto tapiz de La dama y el unicornio que muestra las palabras À mon seul désir ("a mi sólo deseo”). Mi pasión siempre ha sido la pintura, también he hecho dibujo y fotografía pero sigue siendo la pintura, de hecho el día que no pinto me falta algo.
 
M.C.A. ¿Por qué eliges el paisaje como tema principal de tu obra?
 
V. C. También es una pregunta difícil, voy a intentar responder. Mi profesor de Teoría del arte, Vicente Ponce, decía que tú no eliges los temas sino que los temas te eligen a ti. Durante la carrera tuve un profesor muy bueno de paisaje que fue Pedro Esteban y empecé haciendo fragmentos de paisaje, hice un estudio botánico de plantas valencianas. Después me dieron una beca de estancia en Segovia sobre paisaje. Con el tiempo hice un curso de pintura al aire libre con el artista Antonio López sobre paisaje al que le gustaron mucho mis paisajes, le parecieron que estaban muy bien construidos y que eran para un público inteligente; yo pensé que eso quería decir que era malísima. Luego me aclaró que al contrario, que le gustó mucho y que mis pinturas transmitían algo que era difícil de hacer. Mi profesor de paisaje también me lo decía, pero yo no tenía conciencia de ello.
 
Estando en la Facultad impartiendo la asignatura Taller de pintura se marchó el profesor de paisaje y el Decano me ofreció dar clases de paisaje. Al principio dudé si aceptar o no, en parte porque entre las colegas había la opinión de que el paisaje era un tema menor.Y me metí de lleno en la asignatura de paisaje. En ese periodo estaba haciendo la tesis doctoral sobre el paisaje publicitario y como se podía establecer una idea de marca de país a través de los paisajes de las agencias nacionales de turismo que se publicaban en España y como a través del paisaje el espectador podía saber de que país se trataba, yo estudiaba esas campañas. Un día estando en Oporto moviendo la cucharilla de una taza de café, decidí cambiar el tema de mi tesis e investigar sobre si el paisaje era un género menor o no, y responder a las preguntas: ¿el artista contemporáneo pinta paisaje?, ¿estamos formando a los alumnos en una disciplina clásica que está obsoleta? Y empecé a investigar en centros de arte contemporáneos mas importantes de todo el mundo las programaciones de los últimos cinco años de los artistas mas reconocidos. La sorpresa fue que habían muchísimos artistas que trabajaban el paisaje y lo hacían desde un enfoque multidisciplinar, atendiendo a otras áreas de conocimientos como la geografía, geología, botánica, los viajes o la ecología.
 
Me di cuenta de que el paisaje era una género que no estaba obsoleto, sino todo lo contrario, que estaba de moda y que había artistas muy potentes que estaban trabando el paisaje y que por tanto era un género que se debía enseñar a los alumnos. A partir de ahí, me planteé que si tenía que enseñar paisaje la mejor manera era hacerlo yo y empecé a pintar paisajes. Como decía, el tema te elige a ti y el paisaje se me manifiesta de una forma muy directa. También es cierto que tengo una predilección especial por salir al espacio natural, y que mis bisabuelos vivían en una casa de campo, que seguimos manteniendo, a la que iba todos los fines de semana. Recuerdo que mi profesor de paisaje ponía diapositivas de paisajes y me preguntaba la hora del día o el tipo de vegetación. Yo lo sabía y pensaba que los demás también y no era así porque todos eran urbanitas. Ese conocimiento del campo en un momento dado aflora y se manifiesta.
 
M.C.A. Tus colecciones tienen títulos tan sugerentes como por ejemplo: “Transvivir", “De límites invisibles” o “Azúl anónimo”. ¿Cómo haces la elección de los títulos?.
 
V.C. Realmente los títulos forman parte de la obra artística, porque enlazan con lo que estás contando pero que no aparece en el cuadro. “Transvivir" es la traducción del término alemán “einfühlung”. Transvivir es lo que te embarga tras vivir una situación o haber salido a la naturaleza; es lo que te motiva, lo que te llena, lo que te hace pensar mas hacia dentro. Después de una experiencia, lo que queda. En “De límites invisibles” se trata de no cerrar las cosas, ahora no me interesa acotar ni cerrar, me interesa que todo fluya y que todo se relacione, lo de delante con lo de atrás, crear una estructura que no tenga bordes rígidos ni cortes agresivos, sino que fluya. Y “Azul invisible”  es un trabajo que hago a través de la descripción de un paisaje que me transmite una persona que viaja a ese sitio. Es como cuando te dicen “te hubiera encantado ese paisaje” Y dije: pues cuéntamelo, cuéntame lo que has visto y sentido y partir de la descripción de lo mucho que había sentido esa persona es esos paisajes hice “Azúl anónimo”; por eso es anónimo porque yo no estaba allí, yo no ponía identidad a ese lugar. Y “azul” porque era el color que predominaba. Es muy difícil poner en palabras lo que quiero transmitir con la pintura, los títulos están muy meditados.
 
 
Soy lectora de la obra de Gabriel Miró y en su obra hay un personaje que se llama Sigüenza que al cabo de años vuelve a visitar la montaña alicantina, tras muchos años retorna al mismo sitio pero con otra visión, y dice la frase “olor a lejos”, me parece fascinante.
 
A lo largo de la entrevista Victoria Chezner conoció el término “Extimidad”, el vocablo inventado por Lacan para designar lo que está más próximo, lo más interior, sin dejar de ser exterior. Chezner quedó fascinada por este término, y tomó nota de él.

Mari Cruz Alba
 
Comentario del espacio "Tenemos que hablar: Compasión ¿Arma de doble filo?"
Red de Psicoanálisis y Medicina 5 de marzo de 2016

Un fin de semana intenso. Empezamos sábado a la mañana con la Jornada-“Tenemos que hablar”que organiza la Red de Psicoanálisis y Medicina y que en esta ocasión ha versado sobre “La compasión ¿arma de doble filo?”. La  presentación de tres trabajos en la 1ª hora, muy condensados, dieron lugar, durante los siguientes 60 minutos, a un interesante y animado coloquio entre distintas disciplinas: medicina, enfermería, educación, trabajo social, filosofía, psicoanálisis, psicología… todos concernidos por la misma cuestión: cómo escuchar al sujeto que sufre.
Joan-Carlos Mélich, filósofo. Reivindicando el papel de Freud como filósofo,nos remitió a Schopenhauer quien planteó una ética de la compasión a diferencia de filósofos modernos como Spinoza, Kant, Nietzsche y Sade. Una ética de la compasión supone:

  • Introducir la idea de la finitud de lo humano, la enfermedad y la vulnerabilidad, entendiendo esta fragilidad no como un estado sino como una condición del ser humano.
  • Una ética de la compasión no es una ética moral, pues la moral apela a la ley y para explicarlo propone sustituir, en la lectura de Mª Zambrano, ética por compasión: “la (ética) compasión es tratar adecuadamente al otro”, es decir, tratar singularmente al otro frente al todo de la moral.
  • Y por último, la compasión no es la piedad, pues la piedad tiene que ver con el poder y la compasión es ponerse al lado del que sufre.
Termina su aportación con el comentario sobre el cuadro de Goya que lleva por título “Goya atendido por el doctor Arrieta” en el que se ve al propio Goya gravemente enfermo atendido por su médico y amigo, el doctor Arrieta, cuyo gesto sintetiza el buen hacer médico, ofreciéndole con la mano derecha la medicina y con la mano izquierda lo acoge y sujeta.
Belén Maside, enfermera y psicoanalista, nos propuso cuestiones centrales que fueron retomadas en el coloquio:
  • La sobremedicación como respuesta a la angustia de la falta de los profesionales.
  • Cómo hacer para pasar de los Protocolos a la singularidad o, lo que es lo mismo, cómo pasar del querer curar al bien-decir.
Silvia Grades, psiquiatra y psicoanalista, nos comentó la película “Intocable” desde la perspectiva de la compasión, entendiendo por tal la respuesta ética ante el sufrimiento del otro. Responder desde el goce propio de cada uno, lleva implícita la agresión al no tener en cuenta al otro; no se trata pues de beneficencia, donde uno da lo que tiene al que le falta.
Surgieron cuestiones en la conversación tan interesantes como que:
  • El budismo pone en el centro la compasión.
  • La perversión de la ética es la piedad.
  • La auténtica compasión no tiene que ver con humillar, pues la verdadera compasión es discreta, silenciosa, íntima. Se siente pero no se sabe.
  • Hay que diferenciar entre tiempo y prisa a la hora de atender a los pacientes.
  • No puede haber un código deontológico de la compasión.
  • Una ética de la compasión es una ética de la escucha.
  • Elevar la dignidad de la compasión pasa porque los profesionales mostremos nuestra falta.

Para terminar con la idea de que “es justamente de lo incurable de lo que hay que desear ser médico” en palabras de Stefan Zweig en su magnífica novela “La impaciencia del corazón”.

Trinidad Cámara Palop

El amor hoy en día.
Parte II
¿Qué es lo que encontramos cuando amamos a alguien? En el encuentro de amor no encontramos solo un cuerpo, un rostro del cual amamos todo, sino hacemos también otro encuentro aún más importante: En el encuentro de amor la experiencia que hacemos, que hemos hecho (espero al menos una vez en nuestra vida) es que junto al encuentro con el Otro hacemos la experiencia del encuentro con un mundo que nace una segunda vez. El encuentro no es solo el encuentro con el Otro, sino es el encuentro con un mundo que ya no es el mundo de antes. Eso ocurre también cuando nace un hijo. ¿Qué es la experiencia del nacimiento de un hijo? No es solo la experiencia del nacimiento de un cuerpo, de una vida a la cual hemos dado un nombre, donde entramos en una relación de responsabilidad ilimitada hacía esta vida, sino hacemos nacer a través del nacimiento de esta vida nuevamente el mundo, es decir que el mundo ya no es como antes. Quien haya tenido un hijo sabe que un hijo en cuanto tal no es nada en el universo, es como una brizna de hierba en el universo. Pero esta brizna de hierba ha transformado el mundo. O sea, ha reconfigurado, podríamos decir, toda la escena del mundo. Aunque el mundo ciertamente sea como antes, la playa se queda ahí, mi trabajo es siempre aquel, las carreteras, los amigos, los bares, los libros … todo es como antes, todo es diferente a antes. Eso es la potencia del encuentro amoroso. Hacer el mundo igual a antes y totalmente diferente a antes. Estos grandes amores que todos anhelaríamos, Albert Camus dice que existen; dice también que son dos o tres en un siglo, y uno el suyo. Por tanto todavía tenemos posibilidades, aunque reducidas …
Lacan dice que cada amor es siempre el amor hacía una mujer. Cuando amamos de verdad a alguien, eso es lo contrario al espejismo narcisista. Rompemos el espejo. Nos quedamos admirados frente al Otro. El amor es una verdadera admiración hacía quien amamos, hasta el punto en que amamos todo, amamos ver como vive, como es diferente a nosotros, como es irreduciblemente diferente. Y eso no genera violencia (como, por el contrario, a veces ocurre en el amor enfermo) sino que suscita admiración; como cuando aprendemos un idioma extranjero, estamos admirados de este universo, de este universo de la lengua, de este universo que no conocemos.
Entonces, ¿qué pasa cuando un amor tan grande, un amor que hace nacer el mundo por segunda vez, y hace que ese mundo nacido una segunda vez no sea ya el mundo visto desde la prospectiva del Uno, sino es el mundo visto desde la prospectiva del Dos? ¿Qué quiere decir ver el mundo en la perspectiva del Dos, y no del Uno? Un ejemplo de la biografía de Goethe: Goethe amaba mucho Italia, por lo que viajaba con frecuencia a la “Bota”. Se narra que una vez estaba bajando del Monte Baldo, en la parte trentina del Lago de Garda, hacía la orilla del Garda. Hay un punto panorámico donde se ve todo el lago extenderse majestuosamente, atravesado por una luz azul, y las montañas verdes y blancas reflejarse en las aguas. Es uno de los espectáculos naturales paisajísticos más hermoso de Italia. Goethe llega con su calesa a esa curva cerrada, le pide al conductor que se pare, sale y admira la escena. Ahí tenemos la admiración. Existe algo parecido en el amor, cuando se mira a la persona amada. Es como Goethe frente al lago de Garda. Y frente al lago de Garda Goethe parece hacer un gesto de bronca. Exclama: “¡Cuánto desearía a los amigos a mi lado para que pudieran deleitarse en la vista que tengo delante!“[1] como decir: No hay aquí ni siquiera un amigo con el cual compartir eso. Aquí está el punto: En la perspectiva del mundo visto desde el Dos la belleza exige ser compartida. El mundo visto en la perspectiva del Dos es el mundo compartido. Lo que no significa la confusión entre el Uno y el Otro, el anularse del Uno en el Otro – estas son patologías del amor –, sino el compartir significa que cuando hago la experiencia de la belleza evoco a quién amo. Querría que también la hiciera el Otro. Ya no es suficiente para mí. En tal sentido es una experiencia radical de nuestra insuficiencia.
¿Qué ocurre, pues, si un amor de ese tipo se acaba? ¿Qué pasa cuando se termina porque ha habido una traición o, sencillamente, cuando se termina porque hay un abandono o, simplemente, cuando uno de los dos le dice al Otro “ya no es como antes”, la frase que anuncia la muerte del amor, por tanto, la nostalgia por el mundo del Dos? ¿Qué ocurre cuando un lazo amoroso hace la experiencia del final? Decimos que es un trauma. La ruptura de un lazo, de un amor tan grande como lo hemos descrito, no puede ser otra cosa que un trauma, no puede ser otra cosa que una violencia. Pero ¿qué es un trauma? ¿Qué es lo verdaderamente traumático? No solo lo que le ocurre al sujeto. El verdadero trauma es lo que le ocurre al mundo. Un ejemplo fuerte de lo que es verdaderamente un trauma, de lo que les pasa realmente a los amantes, lo encontramos en un maravilloso libro de un intelectual francés que se llama Jean Améry, titulado Más allá de la culpa y la expiación. Améry era un joven partisano en Paris durante la ocupación nazi. A los 20 años es capturado por los nazis, arrastrado a la cámara de tortura, y se ve enfrentado a la perspectiva de su final. Será masacrado por los nazis, enviado a un campo: Su suerte está echada. En la descripción de ese episodio, ¿dónde aparece el trauma? El trauma aparece solo en un momento preciso en el relato de Jean Améry. El trauma aparece cuando uno de los nazis, a punto de torturarlo, le lanza el primer puñetazo en la cara. El trauma es el primer golpe. Améry, sin embargo, era consciente, aún antes de recibir el golpe, de cuanto le iba a ocurrir, sintió muy de cerca la posibilidad de ser candidato al exterminio: iba a ser torturado, su vida iba a ser aniquilada. Pero, una cosa es saber bien esto, una cosa es la quemadura de lo real[2], y otra cosa es encontrarlo. Entonces no es ya como antes, es el primer golpe, es el puñetazo en la cara. Y con eso se asiste no solo a la perdida del objeto, sino a la perdida del mundo a Dos. Ya no es como antes, no es solo en la relación con el Otro, sino es el mundo mismo que ya no es como antes. Y eso explica, verdaderamente, la dimensión depresiva de esta experiencia: el mundo pierde sus colores, el mundo se vuelve gris, el mundo se apaga. Es el ocaso del mundo el efecto del trauma de amor más grave, más profundo.
Cuando pasa esto, cuando un amor está agonizando y hace perder el mundo que ha generado, ¿puede ser todavía posible hacer renacer este mundo, hacerlo resurgir? ¿Es posible sustraer el amor al trauma del final? En otras palabras, ¿puede ser todavía posible el perdón? El perdón no es un termino que pertenece a la tradición del psicoanálisis. Los pacientes hablan muy a menudo del perdón, de la dificultad de perdonar, encuentran muy a menudo el trauma del abandono, el trauma del final del mundo a Dos. Tanto como la doctrina del psicoanálisis no usa nunca la categoría de perdón. El perdón, sin embargo, es verdaderamente esa gran posibilidad que una vez más nos confirma que el amor es irreducible al narcisismo. Porque para perdonar hace falta haber atravesado el espejo. Porque el Otro al que yo miro, el Otro que ha hecho morir el mundo a Dos, no devuelve ninguna imagen gloriosa de mí mismo. El Otro es una herida de mi imagen. Sin embargo, hay amor cuando de las heridas conseguimos hacer poesías. El amor es una gran posibilidad para transformar las heridas, las cicatrices[3] en poesías. Es otro de los milagros del amor, esta transformación.
¿Qué pasa entonces cuando el Otro, que me ha matado, que ha hecho morir el mundo a Dos, vuelve y pide ser perdonado? Ahí se abre la gran bifurcación: de un lado la nostalgia del mundo a Dos, que ya no está, por lo tanto la imposibilidad de perdonar, permaneciendo fiel al amor que uno ha perdido; de otro lado la gran posibilidad del perdón (en el sentido más laico del termino, se entiende). En el perdón hacemos posible que algo que estaba acabado, agotado, muerto vuelva a la vida, vuelva a tener una segunda posibilidad. El perdón es ofrecer al Otro una segunda posibilidad. Por eso Lacan, cuando una vez se le preguntó “¿qué es un psicoanálisis?”, ¿para qué sirve un análisis?” respondió muy sencillamente: “Un psicoanálisis es la posibilidad de volver a empezar”, o sea, de recomenzar, de resurgir; es la posibilidad de un nuevo inicio, la posibilidad de reabrir al otro los juegos de la vida. Un don, desinteresado, incondicionado: un don que no da nada pero devuelve todo. Desde este punto de vista la esencia del análisis, de hecho, no es una palabra diferente de la del perdón.

Donato Bencivenga
[1] Goethe, J. W. von, Viaje a Italia. Trad. de Fanny G. Garrido. Madrid, Viuda de Hernando y Cía., Tomo I, 1891, p. 28-29.
[2] Lo mismo vale para los amantes, los cuales, hemos dicho (véase “El amor hoyen día – Parte I”), sabían muy bien, antes de estipular el pacto, que ningún Otro hubiera garantizado la eternidad de la duración.
[3] No es una casualidad que los amantes amen sus cicatrices, sus puntos débiles.

 
Conversación clínica en Barcelona ICF-E
" La protesta viril es unisex" 5,6 de marzo 2016

 
Como viene siendo habitual, contábamos con seis casos clínicos, tres para trabajar el sábado y tres el domingo. La conversación se inició con el caso de Monserrat PuigNo quiero gritar más”, en el que Manuel Fernández Blanco planteó la clínica diferencial del grito, el grito masculino sería del orden de la imposición y el grito femenino sería más del orden del rechazo. Guy Briol introdujo la cuestión del manejo del grito en la transferencia. J. A. Miller destacó como la paciente había hecho con su síntoma un saber hacer a través de su trabajo donde dirige a su equipo desde la sombra, situándose detrás de la gente.
El caso de Anna Aromí cerró el trabajo del sábado, “El ancla de ser padre”. Se debatió la cuestión diagnóstica entre neurosis obsesiva y psicosis ordinaria, no dudando A. Aromi en que se trataba de una psicosis ordinaria claramente, argumentando que no había una neurosis infantil, el paciente resuelve el mito del Edipo con un S1 (“las cosas en los pueblos son así”), no hay la respuesta fantasmática del neurótico obsesivo y sobretodo destacó el uso neológico del significante “pornográfico” entendido como un fenómeno elemental. Para Miller la paternidad le sirve al paciente de ancla, no el padre ni el Nombre del Padre. La paternidad como un ancla funciona como un bloque no dialectizable. Interesante la aportación de Gustavo Dessal desde su práctica clínica con las psicosis ordinarias, a partir del dicho del paciente en sesión: “estamos embarazados”, en dicha práctica siempre ha encontrado un núcleo delirante que nunca se va a poder desarrollar y que incluye al analista.
La jornada del domingo la abrió el caso de Miriam ChorneTomar las riendas de la situación…”. Una clara neurosis obsesiva, al más puro estilo freudiano, con un manifiesto Edipo en franca hostilidad con el padre. J.A. Miller destacó como este caso ilustraba una frase clínica de J. Lacan en el Seminario XXII, sobre la neurosis obsesiva “hay que desvincularla de la mirada”. Muy interesante fue el comentario que hizo sobre el último párrafo del caso, en donde Miller plantea no confundir la búsqueda de la masculinidad y la búsqueda de la feminidad, pues en la primera no hay misterio, no hay enigma (en el caso, la virilidad -para el paciente- la tiene el padre y se trataría, entonces, de cómo acceder a ella), y en la segunda sí hay un enigma, pues no hay una sola respuesta a la pregunta del deseo de una mujer. Según Miquel Bassol  una cosa es el enigma de cómo llegar a ser y otra el enigma del ser.
Santiago Castellanos introduce el tema del goce, en tanto que el caso está desplegado desde la lógica de la castración y el Edipo y pregunta cómo se abordaría desde una clínica lacaniana que incluya al goce.
Un contratiempo que Carmen Garrido, por motivos personales de última hora, no pudiera estar presente para debatir su caso “Tengo el antídoto”, pues suscitó cuestiones a pensar, tales como el diagnóstico, la inhibición en tanto que construcción sintomática: en el caso, la imposibilidad de eyacular como estabilizador. Miller destacó, como si de un cuento de las Mil y una noche se tratara, la manera de tratar en el análisis, lo que el paciente trae como una enfermedad y acaba siendo una solución. Entra igual que sale, con la imposibilidad de eyacular, sin embargo ha habido un cambio de estatuto: lo que a la entrada era un problema, a la salida es una solución.
Finalmente con el caso presentado por Leonora Troianoski, “Me falta el baremo”, apareció de nuevo la cuestión del diagnóstico: histeria, psicosis, fobia… Miller se inclinó por considerarlo un caso borderline; se trata de un sujeto condenado a la dependencia de la madre, del novio… Un sujeto que no parece haberse separado del cuerpo materno, por lo que no sería un adolescente permanente instalado en una adolescencia prolongada, sino que más bien, aún no ha nacido. Es un caso que describir muy bien lo que es una simbiosis con la madre.
Todas estas cuestiones y algunas otras nos llevamos para seguir trabajando y elaborando cada cual en su comunidad, hasta la próxima Conversación Clínica, cuyo título nos desveló Antoni Vicent: “Presencia del analista en la cura ”. ¡Qué interesante! ¡No faltaremos!.

Trinidad Cámara Palop
 
Pastel Edípico:
  
En nuestra sección de alternativos quisimos ofrecer una faceta poco conocida de S. Freud. Su afición por la cocina.
Su especial inclinación y gusto por la cocina lo llevo a tomar una serie de notas que, en palabras de los editores, han tenido la suerte de no ser capturadas por la fundación de los  Archivos de Freud. James Hillman y Charles Boer compilan una serie de recetas que denotan el peculiar gusto de Freud por el arte culinario en un trasfondo irónico y gracioso.
Son maravillosas las introducciones que realiza a cada una de sus recetas, donde combina sus propias creaciones culinarias con sus más allegados colegas como Fliess (a quien consideraba que tenía un gran olfato) y su “sopa Fliess”, o bien con su propios pacientes como las “Hansburguesas”. También no pocas veces hace referencia aquello que lo hacía investigar y escribir, como por ejemplo cuando cocina “Escones erógenos” mientras finalizaba “Tres ensayos de la teoría de la sexualidad” (1905).
No puedo dejar de confesar mi especial debilidad por el “pastel edípico”. Aquí os dejo la receta con la introducción que apunta Freud. Ser cuidadosos con los detalles:
“En Octubre de 1897 mientras ahondaba cada vez más en las fuentes de mi propia neurosis y le enviaba mis teorías a mi amigo Wilhelm Fliess en Berlín, recordé la desesperación de mi niñez, “llorando desconsoladamente porque no encontraba a mi madre por ningún lado”. Pronto descubrí que el amor por la madre y los celos hacia mi padre eran un fenómeno general de la primera infancia. Que formula tan simple! Sin embargo pasó mucho tiempo en que reconociera la simpleza del pastel edípico. Nadie puede resistirse porque, tal como le dije a Fliess “cuando niño, cada uno fue alguna vez un pastel edípico en la fantasía”
Mezcle 1 taza de azúcar, 2 cucharadas de harina, 1 pizca de sal, varias manzanas cortadas (peladas sin corazón) ½ taza de pasas de uva, ½ taza de nueces picadas, 3 cucharadas de ron oscuro y medio pan de mantequilla derretida. Mientras tanto y mucho mejor si ella está de pie observándolo, pídale a su madre su receta favorita para masa de pastel y forre un molde con ella. Agréguele la mezcla de manzana y cúbrala con otra capa de masa. Cocine en horno a 280 ªC durante 10 minutos luego reduzca a 175ªC y cocine durante 25 minutos más. Deje enfriar a temperatura ambiente. Y no se olvide a su madre.”

Carolina Salinas
Programa de enseñanza Seminario Campo Freudiano 2016
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