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Boletín de Información
                              Agosto 2016
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CAMINANDO JUNTO A "ANA"...

"Hace aproximadamente un año y medio empezó nuestra aventura como Familia Colaboradora:

En casa somos cuatro: mamá, papá, la hermana mayor (21) y la menor (20). Todo comenzó con una simple conversación con los vecinos, quienes nos comentaban la existencia de una figura llamada “Familia Colaboradora” para aquellos niños de nuestra provincia, que viven en centros de acogida, porque que no tenían la posibilidad de vivir con sus familias biológicas. También nos comentaron que en Montequinto había una ONG que se encargaba de informar y asesorar sobre ello, y esa misma noche lo hablamos durante la cena, no perdíamos nada por informarnos.

Hablando con Crecer con Futuro descubrimos una realidad ajena a nuestros ojos, y es la cantidad de niños que no tienen el calor de una familia. La ilusión fue a más, y las ganas de ayudar desde nuestras posibilidades crecían cada día.

Iniciamos el proceso burocrático, que duró unos cinco o seis meses, al mismo tiempo que de la mano de Crecer con Futuro, nos fuimos formando y preparando para ser "Familia Colaboradora".

Llegó el día de conocer a nuestra niña, a la que a partir de ahora llamaremos “Ana”, quien tenía unos once años. Al primer encuentro solo asistimos los dos mayores, y fue simplemente inolvidable. Quedamos con sus tutores en una cafetería, y desde lejos vimos a una niña inquieta que no paraba de mirar a todos lados. Ya nos había conocido por fotos, así que al acercarnos no dudó en presentarse y abrazarnos. Además de preciosa, nos llamó la atención lo carismática, extrovertida y educada que era.

Al siguiente encuentro acudieron también nuestras hijas biológicas, y a pesar de ser una situación nueva, toda reacción y conversación surgía del modo más natural. Fuimos a pasear durante unas horas al centro de Sevilla y no dejaba de sorprendernos la actitud de Ana: como si nos conociera de siempre, nos cogía de la mano, nos contaba sus hazañas, nos preguntaba por nuestro día a día,…
En el cuarto encuentro se quedó a dormir, y poco a poco pasó a ser una más de la familia. Nos acompaña a celebraciones y reuniones, y si no asiste, todos nos preguntan por ella.


Hemos vivido muchas experiencias, buenas y no tan buenas, pero todas enriquecedoras y de las que sacábamos algún aprendizaje.

La comida es algo que nos llamó mucho la atención.
Al principio nos pareció simpático que apenas se colocaba un plato en la mesa se lanzase literalmente a devorarlo. Pero tras un par de gastroenteritis y empachos (con sus correspondientes dolores de barriga, vómitos, quejas,…) decidimos mediar. Se le explicó que la comida no iba a desaparecer, que si quería más se le servía, pero que en la mesa había que tener ciertos modales. Su contestación fue honesta y dura: “En el centro, el que más rápido come es el que más come. Si me embobo me quitan mi parte”.


 
No fue fácil, pero a día de hoy podemos decir que no parece la misma niña. Aún le cuesta, pero lo intenta. Es muy divertido ahora tentarla, y lo que hacemos es que nos sentamos todos en la mesa y comenzamos a hablar sin probar bocado. Ella saliva y no para de mirar el plato, hasta que se da vía libre. Ya no se saca tres trozos en su plato, sino que prueba uno pequeño y si le gusta repite. Ya controla la cantidad que come, y si ve que está excediendo pregunta. Aun así, justo cuando recogemos el desayuno ¡nos pregunta cuál será la cena!

Es interesante observar su actitud los fines de semana que estamos con ella. Según sus educadores nos espera impaciente, incluso pidiéndoles que nos llamen si tardamos diez minutos más de la hora fijada. Al vernos reacciona tranquila y sin efusividades, pero en cuanto pasan un par de horas la felicidad ya se ve en su cara. Le gusta disfrutar de las pequeñas cosas, se ha adaptado a nuestra familia de una manera fantástica.



Quiere pasar tiempo junto a nosotros (aunque sea estar tumbada en el sofá viendo una película, lo prefiere a salir a jugar con la vecina al patio). Pide el beso de buenas noches (obligatorio), ayuda y colabora en las tareas (aunque como todo niño/a intenta escaquearse), nos mima y quiere como la que más.


Es una esponja. Lo absorbe todo. Tiene ganas de vivir, de aprender, de experimentar. Y lo demuestra cada día.

En nuestra casa nos encantan las manualidades, y es increíble ver su interés por cualquier tema que le interese a alguno de nosotros. Ha cosido desde fundas para móviles hasta un par de cojines o un peluche.



Pidió como regalo de Reyes un estuche de pintura. Y en cuanto nos ve en la cocina se une a crear combinaciones: la pizza dice ser su especialidad.



Juntos hemos vivido en este año y medio muchas experiencias: hemos ido a la playa en verano, hemos ido a la montaña, hemos hecho deporte, hemos paseado por Sevilla, ha montado el árbol de Navidad, nos ha acompañado en familia en Fin de Año y el día de Reyes.



 
Hemos hecho algún que otro viaje,…por su cumpleaños se le regaló un finde juntos en la nieve, pues más que algo material queríamos sorprenderla con algo más vivencial. Lo pasamos genial, aunque volvimos con un mal sabor de boca, ya que hay que entender que no está acostumbrada a detalles así y no lo agradeció como esperábamos, le pareció algo normal. A veces, reconozco , nos creamos falsas expectativas con respecto a sus reacciones, pero eso también estamos aprendiendo.

Para terminar, nos gustaría comentar la última experiencia con Ana:su comunión.
Desde hace meses nos ha hecho partícipe de este evento compartiendo con ella preparativos, detalles y sobretodo emociones. El día de la celebración, que estuvo organizada por parte del centro, quisimos estar con ella, a sabiendas de que también estaría su familia biológica. Los educadores nos comentaron que no había ningún problema, que todo se desarrollaría con naturalidad, porque su familia de origen conocía nuestra existencia y daba su consentimiento. Y así fue, a pesar de nuestros nervios y prejuicios la celebración fue preciosa, pues aunque éramos poco, éramos los que Ana quería a su lado en ese día.

En este tiempo con ella, "Ana" ha aprendido mucho, desde modales a cultura, desde habilidades a experiencias nuevas. Pero no nos gustaría acabar diciendo todo lo que ha aprendido Ana, sino todo lo que hemos aprendido nosotros, que es muchísimo más.
Al ser Familia Colaboradora pensábamos que estaríamos haciendo una labor social importante para esa niña que tanto lo necesitaba, sin saber que éramos nosotros los que la necesitábamos a ella para conocernos mejor, como familia y como persona.

Gracias a ella hemos vivido momentos en familia inolvidables, hemos aprendido que los prejuicios nos condicionan, nos hemos dicho cosas preciosas como padres e hijos que sin ella no se hubieran dicho jamás, nos ha hecho ver que la felicidad puede estar en un simple abrazo.

Esto es solo una pequeña parte de lo vivido en este año y medio con "Ana", esperamos poder contaros mucho más el año que viene..."


 

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